Teorías de Stephen Hawking Sobre El Cambio Climático

Oscar Ibáñez:

“La tierra morirá en 200 años”: Stephen Hawking

“La próxima vez que hablen con alguien que niegue la existencia del cambio climático, díganle que haga un viaje a Venus. Yo me haré cargo de los gastos”, afirmó el físico británico, Stephen Hawking en tono irónico, en el segundo episodio de su documental “Stephen Hawking’s favorite places”.

Esto para recalcar los pronósticos fatales que ha hecho desde hace unos años: el mundo morirá en 200 o 500 años. El físico británico ha calculado la fecha, pero aún no el cómo: en varias oportunidades se ha referido científicamente a bolas de fuego, muerte de la raza humana por Inteligencia Artificial, guerras nucleares, cambio climático y agotamiento de la Tierra, por lo que tendríamos que buscar un nuevo planeta.

Lea: “La Tierra será una bola de fuego”: Stephen Hawking

De acuerdo con RT, para ilustrar lo que podría ocurrirle a la Tierra, Hawking explica: “En muchos aspectos, la Tierra y Venus son como parientes cercanos. Venus tiene casi el mismo tamaño que la Tierra y está solo un poco más cerca del Sol. También tiene atmósfera”.

Pero Venus tiene una presión atmosférica 90 veces más alta que la de nuestro planeta y una temperatura de 200 °C, según apuntó. Hawking afirma que el actual estado de Venus es el resultado de lo que sucede cuando los gases de efecto invernadero están fuera de control.

Ante la inminencia de la muerte del planeta, según Hwakings, propuso dirigir la mirada hacia Alfa Centauri, el sistema estelar más cercana al Sol, ubicado a unos 4,37 años luz o 41,3 billones de kilómetros del planeta azul. A partir de esto, Hawking pidió financiar el proyecto Breakthrough Starshot, del que hace parte, que consiste en elaborar una sonda en la que viaje una nanonave casi alcanzando la velocidad de la luz.

Este sistema “podría hacer un viaje entre la Tierra y Marte en menos de una hora y llegar a Alfa Centauri en un poco más de 20 años”, manifestó Hawking. Si todo sale como lo esperado, para la mitad de este siglo ya podrían existir muestras del planeta que alcanzó en dicho sistema estelar.

Puede ver el documental, ganador de un Emmy en 2017, en Curiosity Stream.

La invitación a abandonar la Tierra es un rasgo de pesismo

antoprológico: somos una especie devastadora incapaz de

responsabilizarnos de la naturaleza

Necesitamos salir de la Tierra”. El físico Stephen Hawking argumentó la urgencia apocalíptica durante la reunión de Starmus en Trondheim con hechos que todo el mundo comprende y denuncia, pero que nadie es capaz de resolver: hay una amenaza real para la vida procedente de la confluencia del cambio climático y la desaparición (más bien explotación devastadora) de los recursos naturales. La cadena causal de Hawking, tal como la expuso, no tiene refutación posible. Si vivimos en un planeta que ya no tiene recursos para alimentar a la humanidad (o no los tendrá dentro de poco) lo lógico es saltar a otro que sí los tenga. El problema que plantea Hawking con su incitación a la gran evasión planetaria es de naturaleza ética, dicho sea en lenguaje antiguo. ¿La especie humana esquilma un planeta, salta a otro y ya está? ¿Que hará en ese otro planeta, agotarlo a su vez y pasar al siguiente?

Interstellar, una película poco amplificada (por cierto, como la incitación de Hawking) de Christopher Nolan, exponía esta cuestión con singular crudeza. El profesor Brand (Michael Caine) sostiene fríamente que la raza humana es una especie depredadora. Consume los recursos que le rodean como parte de un impulso natural. El personaje de Brand dibuja un pesimismo (o naturalismo) antropológico ineluctable que covierte al hombre en el equivalente a una plaga de langosta, un virus o una neoplasia maligna. Su discurso excluye tajantemente que la especie tenga algún tipo de responsabilidad sobre el planeta, el entorno o el resto de las especies que viajan en la Nave Espacial Tierra (concepto por cortesía del economista británico Kenneth Boulding). Excluye cualquier hipótesis de un acuerdo radical, efectivo, aplicado de buena fe y con tenacidad para combatir el cambio climático. Si los Gobiernos contaminantes (China, EE UU, Rusia…) han sido incapaces de alumbrar e imponer un solo plan eficaz para atajar las amenazas sobre la supervivencia, por algo será.

La economía, esa ciencia lúgubre pero con armadura resplandeciente, ha racionalizado el instinto devastador y la irresponsabilidad ante la naturaleza. Al fin y al cabo, la lógica económica actúa como el superyo de los impulsos naturales al egoísmo primordial. El beneficio de mitigar el cambio climático y, por tanto, de minimizar la destrucción de recursos es principalmente global y a largo plazo; el beneficio de esquilmar hoy la naturaleza sin tasa ni medida es local y a corto plazo.

Vamos a suponer que Hawking y Brand estén en lo cierto. Las reglas de la ciencia lúgubre son implacables en muchos sentidos. El primero y decisivo es que los viajes espaciales que nos salvarán son imposibles hoy. Ni el PIB mundial ni la tecnología pueden hoy facilitarlos. Si como suponía Marx con agudeza la humanidad no se plantea problemas que no puede resolver, el dilema entre devastación y huida queda reducido a una carrera de orates. Si la humanidad consigue la tecnología suficiente para saltar a otro planeta esquilmable, bien; en caso contrario, las expectativas a largo plazo no están claras, pero oscilan entre la autodestrucción y la consunción.

 

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El físico Stephen Hawking

Videos Ilustrativos:

Oscar Ibañez

Muy buenas a tod@as!! Mi nombre es Oscar y lo que pretendo desde este pequeño rincón, es concienciar a la gente para tener un mundo mejor.Muchas gracias a tod@s por seguirme en mi pequeño rincón de Internet. Y recordad: hay que tener un poco de conciencia ecológica!!!

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